El Dr. Frusso presentó en video dos proyectos en los que está trabajando. Son distintos entre sí, pero los dos parten del mismo punto: hay un tratamiento que ya funciona, y el problema es que no llega a toda la gente que podría aprovecharlo.
El punto de partida: funciona, pero cuesta llegar
El dolor miofascial es el dolor muscular, y se llama así porque incluye también la fascia, los tejidos de conexión, que son sumamente sensibles. Son los famosos nudos de la zona cervical, la lumbar, las piernas y los brazos, y es mucho más frecuente de lo que se imagina: afecta la calidad de vida de personas que trabajan, de las que no y de deportistas por igual. Habitualmente no tiene una solución rápida, y muchas veces termina en consultas con distintos especialistas, o en aceptar que va a ser así.
La técnica que diseñó el Dr. John Lyftogt en Nueva Zelanda —inyecciones subcutáneas con dextrosa, que es agua y glucosa, el mismo suero que se pone por vena— cambió ese panorama. En palabras del Dr. Frusso: "nos costó creer en eso, pero realmente es un tratamiento que funciona". El Hospital Italiano lo aceptó hace quince años y hoy son unos treinta médicos de la institución los que lo aplican.
Además de efectivo es seguro y de bajo costo. El problema que tenemos es la accesibilidad.
Ahí está el cuello de botella. Un tratamiento son unas seis sesiones, y cada una implica que el paciente vaya al hospital, una vez por semana o cada dos. Eso es complicado para el paciente, para el sistema de salud y para la sociedad.
Un dispositivo para aplicarse la dextrosa en casa
El primer proyecto es un dispositivo de autotratamiento: que, una vez hecho el diagnóstico y dada la indicación médica, el propio paciente pueda aplicarse la dextrosa en su domicilio.
La referencia es la lapicera de insulina: un dispositivo con un botón que va inyectando la dosis. La idea es hacer ese mismo mecanismo con dextrosa, para que el paciente continúe las aplicaciones en su casa en vez de volver al hospital cada semana.
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Eso abre dos puertas más. Una es la consulta a distancia: el autoexamen del paciente supervisado por el médico, y la aplicación hecha en el domicilio. La otra son cursos para pacientes de autodiagnóstico y autotratamiento.
Un gel con dextrosa para la mucosa vaginal
El segundo proyecto sale de una observación anatómica. Inmediatamente debajo de la piel hay un órgano —el órgano intersticial— del que hace tiempo se habla como tal, que es muy sensible y donde se alojan muchos de los dolores habituales. Es sobre ese tejido que trabaja la técnica de Lyftogt, con inyecciones subcutáneas y con crema con dextrosa.
Ese mismo órgano intersticial está también debajo de las mucosas, tanto la de la boca como la de la zona vaginal. La hipótesis del proyecto es que las molestias de las mujeres posmenopáusicas —ardor, molestia, sequedad vaginal— tienen que ver con una alteración de la irrigación de ese órgano: no le llega sangre en forma suficiente.
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La propuesta es aplicar en esa zona un gel con dextrosa, que es el nutriente que la sangre transporta. Según el Dr. Frusso, ya lo están aplicando en pacientes con buenos resultados.
Lo que necesitamos es desarrollar este gel de buena calidad, hacer distintas concentraciones a ver cuál es la más adecuada, y poder ofrecer este tratamiento muy efectivo, de bajo costo, que puede cambiar sustancialmente la vida de muchas personas.
En qué estado están
Los dos son proyectos en desarrollo, no tratamientos disponibles para pedir en el consultorio. El del dispositivo busca fabricar algo que hoy no existe; el del gel busca llegar a una formulación estandarizada, de uso masivo y muy bajo costo, de algo que ya se está usando.
En los dos videos el Dr. Frusso cierra con la misma invitación: ser parte del proyecto. Si trabajás en desarrollo de dispositivos médicos, en formulación farmacéutica o en investigación clínica y te interesa participar, escribinos desde Contacto.